Numero 19: Marine Corps Maratón
Por: Alejandro Ortiz Tapia
¿Qué onda wey, cómo andas?
Es muy obvio que si mi profesión fuera la de ser mi propio cronista o si mi vida dependiera de mi habilidad de publicar mis historias entonces ya me hubiera muerto de hambre hace mucho tiempo pues sigo sin escribir el resumen de todos mis maratones y los que he escrito, los he hecho sin ningún orden en particular, pero son de esas cosas que ha nadie le importa … ¿o si? 👀
Mis “ganas” de escribir parece ser algo cíclico y muchas veces pueden pasar meses para tener esa inspiración de escribir algo exclusivamente para el blog y cuando llego a comenzar algún post se queda guardado por mucho mucho tiempo en una bandeja de drafts sin terminar. Supongo que hoy desperté con un poco de esa “inspiración” para terminar este post que tenía guardado por más de un de año; pero bien dicen “mas vale tarde que nunca” entonces aquí les va [enterita] la historia:
El Marine Corps Marathon es una carrera muy especial para mí. No solo por la gran historia y el simbolismo que lo rodea, también porque ha sido una de mis mejores carreras, es mi maratón “local” y el que he hecho más veces (dos veces 2012 y 2016). Siete años después, regresé para correrlo nuevamente, pero esta vez con una perspectiva diferente: el tiempo en el reloj era algo secundario y la experiencia era lo que realmente importaba: Era mi maratón número 19, el segundo que compartía con mi amigo el Manu (Manuel), regresando de los años de la pandemia, muchos detalles que lo hacían aún más significativo. Me sentía un corredor más maduro y preparado, con la mentalidad de aprender la nueva lección que los maratones siempre te dejan (porque los maratones siempre te dejan un nuevo aprendizaje).
El día de la carrera (29 de octubre de 2023)
Washington D.C.
Amaneció con ese ambiente que solamente tiene un maratón: Miles de corredores caminando todavía medio dormidos hacia la salida, los Marines por todos lados, familias buscando dónde colocarse para ver pasar a los suyos y esa combinación medio rara de nervios, emoción y la pregunta que inevitablemente aparece antes de correr 26.2 millas: ¿Por qué chingados estoy haciendo esto otra vez?
Pero había un pequeño detalle, hacía calor y había humedad. Mucha humedad. La carrera arrancó alrededor de los 66°F (19°C), con una humedad cercana al 87%, condiciones bastante pesadas para correr un maratón.
Durante el día la temperatura llegó aproximadamente a los 78°F (26°C). La humedad terminó siendo tan problemática que la organización adelantó el cierre de algunos checkpoints para proteger a los corredores que todavía estaban en el recorrido.
El recorrido de este maratón sigue siendo espectacular: el Pentágono, Georgetown, el National Mall, el Potomac, los monumentos… Cada paso es una mezcla de historia y sacrificio personal. Pero lo mejor del Marine Corps Marathon es su gente, la comunidad que lo rodea; es una fiesta. Los Marines y voluntarios en cada avituallamiento, las familias animando, y el mítico final en la colina de Iwo Jima. Por supuesto, está esa pinche subida hacia el final porque aparentemente correr 26 millas no era suficiente había que terminar subiendo.
Desde el inicio, supe que este maratón iba a ser distinto al de 2016. No iba persiguiendo un récord personal, sino disfrutando esta nueva experiencia, soy una persona diferente a la que corrió hace 7 años y creo que eso también absorbo la misma experiencia de una forma diferente. Bien dicen que todo depende del cristal con el que se mire todo ¿no? Habían pasado siete años de carreras, lesiones, kilómetros, trabajo, familia, hijas y vida…Uno piensa que regresa al mismo lugar, pero nunca regresa siendo el mismo.
El ritmo fue sólido en la primera mitad, todo iba demasiado bien pues después de la primer milla me instalé en un paso solido y corrí con una consistencia que, viendo los datos ahora, hasta parece que sabía lo que estaba haciendo pero después de la milla 20, como suele pasarme en toooooooodos los maratones, las piernas empezaron a pesar y mantener cualquier ritmo se vuelve un reto del tamaño del monte Everest. El problema es que los maratones tienen una manera muy particular de hacerte sentir invencible durante unas horas… para después recordarte que eres un simple mortal.
Y entonces llegó el maratón de verdad, bien dicen que un maratón tiene dos mitades: las primeras 20 millas y las últimas seis. Y en mi caso es todavía más sencillo: las primeras 20 millas y luego el desmadre. Después de la milla 15 empezaron las primeras señales, mi cuerpo tratando de mantener el ritmo mientras mi mente tratando de negociar por un ritmo cardiaco decente, las piernas en modo alerta: estaba en modo de sobrevivir. Llegando a la milla 24 curiosamente, poco a poco fui encontrando algo otra vez y no era velocidad. Era supervivencia con dignidad y quizá eso es todavía más satisfactorio.
Cruzando la meta después de las cuatros horas tratando de mantenerme debajo de esa marca pero fallando en el intento porque ya sabes cómo somos los corredores, decimos que “solo vamos a disfrutar” y cinco minutos después estamos haciendo cálculos del ritmo como contadores en cierre fiscal. Lo intenté y no salió. Después de correr durante cuatro horas, perder el sub-4 por 129 segundos podría parecer frustrante y quizá durante unos minutos lo fue pero después levanté la mirada y ahí estaba mi familia, mi esposa, mis hijas y mis padres (aún tratando de entender porque corro a lo pendejo pero sintiéndose orgullosos de mi) y entender que también he ganado este maratón. Al final darme cuenta que en muchos sentidos, esta carrera tuvo un valor que va más allá de los premios efímeros. No todos los maratones son sobre velocidad; algunos son sobre compañía, sobre el viaje y recordar por qué comenzamos a correr en primer lugar.
Este fue mi maratón número 19. Y creo estas son una de las cosas que he aprendido después de este: No todos los maratones tienen que demostrar algo. Algunos son para correr rápido, otros para buscar un récord. Otros para sufrir y algunos simplemente llegan en un momento de tu vida en el que sirven para recordarte todo el camino que recorriste para volver a estar parado ahí.
El Marine Corps Marathon de 2023 fue eso para mí: Resistencia. Familia. Gratitud.
El reloj dice 4:02:09. Los datos dicen que me fui al carajo después de la milla 20.
Pero la historia dice algo mucho más interesante: Terminé, otra vez. Sin importar las circunstancias.
¿Volveré por un cuarto Marine Corps?… Nunca digas nunca.

